23 May. 2008 | Archivado en Cultura
La fama de Nápoles como ciudad insólita e única, tiene su asidero en la realidad. Y también en la fantasÃa: existe otra Nápoles, construida a diario por el imaginario popular de su gente. Una ciudad paralela que coexiste con la real, tan o más viva y auténtica. Una ciudad con su propia divinidad: Maradona, y su santo: San Gennaro, que liquidifica su sangre dos veces al año trayendo buenos augurios, y su prÃncipe: el inolvidable comediante Totò.
