El Desierto del Sahara, ese desnudo laberinto
Amanece en el Desierto del Sahara. Sol, cielo y viento son los protagonistas de infinitas extensiones de arena, recortadas drásticamente por una lÃnea de camellos, la sorpresa de un oasis o los vibrantes colores de los habitantes del desierto.
Son los ingredientes de una atmósfera que invita a la fantasÃa. Más que en cualquier otro sitio, el aire se convierte en un elemento palpable, producto de la alquimia entre el calor, la arena, el viento y el sol.
Además de ser el sueño dorado de incontables viajeros y un destino elegido por aquellos que buscan el exotismo, el Desierto del Sahara, en su desnudez, es un mundo complejo y sugestivo que impacta a los habitantes de las ciudades pues los obliga a entrar en Ãntimo contacto con la fuerza de los elementos naturales.
Relata un guÃa de Marruecos que para entrar en el desierto, hay que estar muy bien consigo mismo. Caminar por horas en un espacio cuyos únicos estÃmulos visuales son la arena, el cielo y el sol, induce al caminante a la introspección. En ese escenario vacÃo y silencioso, aquello que somos se hace presente y lo llena todo.
Cuenta una vieja historia que un rey intentó hacer perder en su fabuloso laberinto a otro rey de tierras lejanas. El rey extranjero pudo salir, pero prometió venganza. Lo invitó a su tierra y llevándolo al desierto le dijo: he aquà mi laberinto.
Visitar el Desierto del Sahara:
La mejor época para visitar el Desierto del Sahara es, sin duda, la primavera. En otoño las temperaturas son igualmente agradables pero los dÃas son más cortos. Durante el invierno las continuas variaciones climáticas pueden desalentar los planes de excursión.
Visitar el desierto en verano puede resultar demasiado agobiante para aquellos cuyo organismo no esté adaptado a las altas temperaturas. Además, la ráfaga caliente del siroco es capaz de alzar la temperatura en minutos provocando descompensaciones de riesgo. Nunca está de más recordar que si se emprende la travesÃa en auto, es de vital importancia llevar grandes reservas de agua y alimentos nutritivos. Los vestidos deben ser ligeros, claros, preferentemente de algodón y que permitan la aireación.
Argelia, Mauritania, Túnez, Marruecos o Libia son mirillas desde donde poder contemplar su magia.
Foto: “Windy Desert” de Papa’Rocket
